domingo, 6 de julio de 2008

Crónica de una vida no anunciada.


El 10 de junio vino Ismael Serrano a Neuquén, las condiciones meteorológicas no eran óptimas para viajar ya que las cenizas del volcán Chaitén abrigaban medio país. La poesía hecha música llegó, quizás porque esté así destinado, quizá y mas posible todavía porque él y sus músicos escribieron ese destino al decidir hacer parte del viaje en avión, y parte en auto...atravesando la pampa...Santa Rosita, como dijo Javier.


Tenía butaca en la fila 4, se los veía perfecto, fueron saliendo uno a uno y ya con "Somos" se me piantó un lagrimón (debo confesar que no fue sólo uno).Escuche 1, 2, 3, 4 temas...y ahí decidí que no podía permitir que alguien me toque el alma sin verlo a los ojos, me decidí y fui a sentarme al pasillo a la par de la fila 1, siempre creyendo que me sacarían...durara lo que durara sería mejor que quedarme con las ganas. Y los miré a los ojos, mientras mis oídos se deleitaban con su música. Y me reí como loca, bailé sentada, escuché poesía de la buena, sentí que ese recital masivo no era tal, que era para mí...me inundo de paz el ánimo.

Disfruté cada nota, cada gesto...lloré mucho cuando cantó "Ana". No sé que provocó en mí, pero lloré como hacia años no lo hacía.


El recital debe haber causado un misterioso efecto en mí y en la gente que me rodea. Mi marido me regaló pasaje y entrada para ir a verlo a Mar del Plata. Esa ciudad siempre me hace regalos misteriosos. Alguien, que dicen ve el futuro, me dijo que el viaje iba a ser maravilloso desde principio a fin, que cambiaría mi vida.

Me tomé al colectivo el jueves 19 a las 8 de la noche. Si bien es cierto que te sirven comida rica, vino, champagne y pasan películas; de no ser por Irene, una psicóloga de Bariloche muy simpática que viajaba al lado mío, la peregrinación hubiese desplegado su exuberante longitud. ¡El viaje dura 12 horas! A las 9.30 de la mañana siguiente llegué a “La Feliz”, como la llaman los argentinos.

Ese día me dedique por completo a la gente que quiero y al mar que se embravecía expectante de tanta pasión. Si lo que decía aquella bruja era cierto, me esperaban momentos llenos de hechizos.

El sábado salí a caminar por la costa, recorrí desde el centro hasta el puerto (debe ser un recorrido de 6 kilómetros). El frío impávido impregnaba el aire y Ismael que cantaba desde mi mp3 se entremezclaba al sonido del mar. Al pegar la vuelta entré a un comercio a comprar regalitos para flor y Loli, intercambié unas palabras con la dueña del comercio, quien 10 minutos más tarde me iba a detener a unas cuadras para acercarme hasta el centro. Ella iba en esa dirección, de todos modos un gesto semejante es muy raro entre los argentinos ya que la desconfianza siempre nos hace dudar a la hora de ser solidarios. En fin….esta mujer me acercó al centro y me dejó a la vuelta de un hotel muy conocido de la ciudad.

Al pasar por la hollywoodense entrada veo una parejita de unos 20 años, Fede y Paula, dos chicos de la Plata que esperaban por una foto. Me ofrecieron sacarme una con Ismael que estaba por salir. Debo confesar que sentía mucho pudor. A los 32 años me cuesta molestar a la gente para pedirle una foto, y tendría que pedirle a Ismael que detenga su tiempo junto a mí, a Fede que perpetúe el momento y a Pauli que me envíe la fotografía por mail. Eran muchas molestias. Sin embargo, no sólo me arriesgué a molestar a tanta gente, sino que me tomé el atrevimiento de detener a Ismael para explicarle el paradójicamente inexplicable viaje que había emprendido sólo para volverlo a escuchar. Él me observaba con mucha ternura, Carolina con mucha prisa.

Esa noche fui al recital, esta vez fila 5, el gélido escenario derretía a la audiencia. Mi costado maternal se preocupaba por Ismael y Freddy que acomodaban una y otra vez sus bufandas, y se notaba que el frío no los dejaba disfrutar en un 100 %. Logré volverme a sentar en el piso, logré volver a mirarlos a los ojos. Creo que estuve cerca de una hora, sentada en el piso frente a ellos, me gusta escucharlos desde el suelo, creo que me conecta más, aunque Jacob trate de hacerme entender que el mejor lugar es después de la fila 20.

Al cabo de una hora, se empezó a llenar de más de muchachas inquietas y el aire se fundió en gritos de amor, pasión y “piropos indecentes”. Así que no duramos mucho más. Afortunadamente, una mujer de la fila 4 me cedió un asiento al lado del pasillo en fila 4 justo cuando vallaron el pasillo desde la fila 5 en adelante. Así que volví a sentarme en el pasillo jurándole con una sonrisa al de seguridad que no era una desquiciada que se treparía al escenario. Ya estoy grande para eso.

El domingo a la mañana, cuando ya creía que nada más extraordinario podría sucederme en ese viaje, la vida me regaló un día lleno de encantos, de momentos únicos. Sucedió que en la última caminata por la playa de ese viaje, me topé con Javier y Jacob, dos músicos increíbles, no se que me habrá hecho merecedora de tanto: una caminata, un café, un disco que aún esta horneándose y la compañía mientras se preparaban para marcharse. Debo confesar que todo me daba mucha vergüenza, no me reconocía a mi misma invadida por una personalidad de adolescente ricotera. Y así fue como compartí unos momentos muy gratos con esa gente maravillosa, un mediodía de lujo. No es común encontrar gente tan talentosa y tan humilde.


No tengo palabras de agradecimiento, lamento que mi mirada se haya nublado de lágrimas al momento de agradecer por ese espacio que me dieron.

Se alejaron en una camioneta sacudiendo sus manos en símbolo de despedida, y yo sentada en las rojas alfombras de la entrada del hotel, atrás quedaba la caminata, el café, el minúsculo sorbo de vino que alcancé a beber sentada en la mesa de los 12 apóstoles. Atrás quedaba esa mirada que me escuchaba atentamente observándome los ojos.

Por delante quedaba todo. Lo que siempre me hace feliz. Mi vida.
¿Habrá acertado aquella adivinadora al anunciar que mi vida cambiaría? Ojala no, ojala sólo cambie mi enfoque.

4 comentarios:

K@ri.- dijo...

Andina... vos si sabes ver toda la suerte k esta destinada para cada uno de nosotros... segui apovechando ese DON, k hace la vida mucho mas amena!
un besote
k@ri.-

Andina dijo...

K@ri, capaz tengas razón y no sea mas suertuda que otros, sino que solamente sepa leerla mas que otros.
Gracias por transmitirme esa sensación.

Sigrid dijo...

Bueno, ya no tengo ninguna duda de la cantidad de cosas en las que coincidimos. Me he leído con detenimiento tu viaje a Mar del Plata para ver a Ismael y compañía... No sabes cómo te entiendo! Me gustaría que leyeras la entrada que escribí cuando fui al concierto de Isamel.

http://sigriddelosbosques.blogspot.com/2007_11_28_archive.html

Hace mes y medio estuve en el centro de Madrid en un recital que dió Javier Bergia para 35 personas. Lo dió en un bar pequeño que tiene una sala bajo tierra, una "cuevita" en la que pasó dos horas cantando y hablando con los 35 afortunados que estábamos allí. Después del concierto nos acercamos a saludarlo y nos contó que al día siguiente volaba a Buenos Aires para unirse a Ismael en la gira por Argentina. También me enteré que somos vecinos, vive en mi mismo pueblo.

Te mando un beso y te felicito por haber disfrutado del concierto tanto como yo.

My dijo...

.. me has hecho recordar momentos tan bonitos..
sólo puedo decirte GRACIAS.

Ven a visitarme, seguro que compartimos más cosas..

Un abrazo guapa.